Sobre Richard Linklater y su homenaje a Jean-Luc Godard, el impulso creativo, y lo que la Nueva Ola Francesa puede enseñarnos sobre la necesidad de crear.
Tiempo de lectura: 7 minutos
El cine de Jean-Luc Godard me encontró cuando todavía no sabía qué era un plano secuencia, ni la diferencia entre filmar y grabar. Gracias a Tumblr, la red social que me guió durante mi film awakening, supe que existía una actriz muy hermosa llamada Anna Karina, la It Girl de los años 60 en Francia. Me encontré con las fotos de su boda con Jean-Luc Godard y supe que habían hecho varias películas juntos. Su musa de flequillo revoltoso y delineado perfecto.


De pronto estaba frente a un nuevo cine creado por personas que habían tenido una inquietud creativa y que, en lugar de silenciarla, se preguntaron: ¿por qué no? ¿por qué no podría escribir un guión? ¿por qué no podría hacer una película? Unos rebeldes en blanco y negro, elegantes, intelectuales, que fumaban cigarrillos y citaban a William Faulkner en cafés.
La Nouvelle Vague me daba la bienvenida.

La Nouvelle Vague de Richard Linklater
En 2025 se estrenó «Nouvelle Vague», la última película de Richard Linklater, que homenajea una parte de lo que fue el movimiento cinematográfico en Francia durante los años 50 y 60, conocido como Nouvelle Vague o Nueva Ola Francesa. Protagonizada por Guillaume Marbeck como Jean-Luc Godard, Zoey Deutch como Jean Seberg y Aubry Dullin como Jean-Paul Belmondo, la película sigue los 20 días del rodaje de À bout de souffle (1960)—también conocida como Breathless, Sin Aliento y Al Final de la Escapada—, la ópera prima de Jean-Luc Godard.

Los directores que estaban detrás de las películas de La Nueva Ola Francesa buscaban romper con la tradición del cine hollywoodense y con los modos de representación a los que estaba acostumbrado el público del cine mainstream. Se trataba de cuestionar los modelos clásicos de producción y realización, la forma de filmar y editar, las historias que se contaban y, sobre todo, a quién se las estaban contando.
Las películas de este período, impulsadas por un espíritu de juego y aventura, me enseñaron que todo puede convertirse en una historia, la importancia de mantener siempre vivo el impulso creativo, y que en la conversación hay poesía.
Nostalgia por una época no vivida
Muchos de los realizadores dentro de la Nouvelle Vague eran críticos de cine y miembros fundadores de la revista Cahiers du Cinéma, que un día decidieron que «la mejor manera de criticar una película es haciendo una».
La película de Richard Linklater retoma algunos elementos y recursos visuales propios de la Nouvelle Vague en su narración, pero no va mucho más allá de ser una historia sencilla y honesta que juega con varios guiños estéticos.


«Nouvelle Vague» se mueve en unos márgenes seguros, con cuidado y sensatez. Tampoco le interesa ir mucho más allá de hacer un homenaje a un director y a una época vista a través de la nostalgia por un tiempo no vivido.
Si bien, por momentos, la película se siente como un desfile de referencias para amantes de este movimiento, también puede disfrutarse por un público que nunca escuchó hablar de Godard y de la Nouvelle Vague.
Richard Linklater es un enamorado del cine y de su historia, el tiempo y la memoria, y lo celebra usando el humor con inteligencia para reírse de la misma figura que quiere honrar. Un acto de amor de lo más puro hacia la mítica figura del cineasta y el poeta.
El resultado es una película llena de energía. «Nouvelle Vague» es fresca, relajada, entusiasta. Viene a decirte que dejes el celular y empieces ese proyecto que estás postergando para otra vida. Es un empujón sin épica, sacrificios ni llanto, es un: ¿por qué no?

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Considerá todo como un experimento
Una de las máximas de la Nueva Ola Francesa afirma que el camino hacia la libertad creativa está alejado de los grandes presupuestos. De acuerdo con esta filosofía, la creatividad no puede florecer cuando está acorralada por las demandas de los grandes estudios o productoras.
En ocasiones, las restricciones, más que limitarnos, funcionan como un disparador para encontrar nuevas formas de hacer las cosas. Cuando las ganas de crear una obra de arte y de dejar algo en el mundo son tan grandes, el deseo se convierte en una urgencia que se escapa de la propia piel. Sólo es necesario encontrar el medio. Como dijo David Lynch: «Una vez que encontraste una idea, lo siguiente es pensar en qué medio vas a traducirla, pero lo importante es mantenerte fiel a la emoción original que te provocó esa idea».

Cuando hacés algo, pasan cosas. La rueda empieza a moverse. No se puede lograr algo si no se da un pequeño paso, por más mínimo que sea. Toda acción tiene una reacción igual y opuesta, lo dice la Tercera Ley de Newton y lo dice este ensayo: Literally Just do Things.

A veces se nos ocurre una idea y creemos que es irrealizable o que no es para nosotros. Nos preguntamos por qué nos eligió y elegimos pensar que es un error y que se equivocó de número. Y puede pasar. Se supone que debemos equivocarnos, por eso los lápices tienen una goma de borrar.
Lo importante es evitar que esa idea quede archivada en el inconsciente si nunca nos animamos a hacer algo para traerla a la realidad. Sólo se necesita atravesar la incomodidad y dar el primer paso en esa dirección. De lo contrario, corremos el riesgo de que la idea pase al mundo de los sueños o, peor aún, al de los sueños frustrados.
«Yo siempre quise tener un programa de radio», «Siempre quise escribir un libro», son frases que quizás dijiste o escuchaste con un tono de ilusión y pérdida, el de la renuncia antes de siquiera haberlo intentado.
¿Tenés una idea, pero estás esperando a encontrar el espacio ideal, la cámara último modelo, el micrófono profesional, el currículum intachable, los diez años de experiencia y las credenciales tan sólidas como un monumento? Lo más probable es que nunca la concretes, porque siempre vas a estar pensando en la próxima cosa que te falta. Considerá todo como un experimento. Si esperás a encontrar las condiciones perfectas, cuando hayas llegado al final de tu lista, vas a encontrarte con que el impulso siguió de largo llevándose por delante ese empujón inicial tan valioso.
Pensá en los artistas de la Nouvelle Vague, pensá en Raoul Coutard, el camarógrafo de Godard, escondido en un carrito del correo y filmando a través de un agujero. Si no lo hacés por vos, hacelo por Raoul.

En su libro «Big Magic», Elizabeth Gilbert cuenta que las ideas viajan entre las personas a través del espacio y el tiempo. Según su teoría, si tenés una idea y no la escuchás, no la validás ni trabajás por ella, la idea se va a otra parte, para aparecer dentro de unos meses o años, caminando de la mano de alguien más. Esto puede llenarte de ansiedad, urgencia o entusiasmo. Tratá de ser amable con vos mismx y dejá que el último sea tu guía.
En el nombre de la urgencia y la necesidad
Los cineastas de la Nouvelle Vague captaron a la perfección el clima cultural y social de su época y filmaron guiados por la urgencia y la necesidad de mostrar que había otras formas de hacer cine, sin depender de grandes artificios. Un cine libre, joven, rebelde y despojado, que no tenía miedo de asumir riesgos y buscaba lo instantáneo y lo inesperado.
El movimiento provocó una serie de apoyos y rechazos. Algunos sectores condenaron el clima «amoral» y el desenfado sexual, mientras que a otros les preocupaba el contenido.
«Lo que los alborotadores franceses necesitan es más respeto por el oficio y más preparación profesional. A veces me hacen pensar en esos dramaturgos noveles que se creen capaces de revolucionar el arte escénico antes de haber aprendido a escribir un drama en tres actos como Dios manda».
Ingmar Bergman (1961)
Los directores de la Nouvelle Vague eran defensores de la política del cine de autor. Creían que cada gran director realizaba una obra que debía ser tan identificable y expresiva como la de un escritor.
El impacto de La Nueva Ola Francesa fue tan poderoso que sirvió de inspiración para generaciones posteriores de directores en todo el mundo, y su influencia se extendió hacia otros medios como la publicidad.
Godard creía en el cine como un arte revolucionario y en el movimiento como el alma de una película. Era un verdadero romántico que creía en el impulso creativo, en sí mismo y en la importancia del trabajo en equipo.
La obra de los directores de la Nouvelle Vague es un testimonio de su propio tiempo, marcado por la desesperación y la urgencia de crear, pero también por un espíritu de comunidad, colaboración mutua y amistad.
Richard Linklater hace que nos preguntemos si estamos a tiempo de despertar el espíritu de la Nouvelle Vague, la esencia de esos «franceses revoltosos» y si es posible pensar en un cine libre, rebelde y personal, lejos de los modelos actuales de la industria audiovisual.
Películas recomendadas para adentrarte en la Nouvelle Vague
Si llegaste hasta acá, te estarás preguntando dónde empieza y dónde termina la Nouvelle Vague. Podés usar esta lista para guiarte a través de las películas más emblemáticas de este movimiento y, si te gustan, podés profundizar en la filmografía de cada director. Dejate caer en tu propio rabbit hole, o probá alguna de mis formas preferidas para descubrir nuevas películas.
Títulos más populares:
– À bout de souffle. (Te recomiendo verla después de Nouvelle Vague, 2025).
– Les quatre cents coups
– Alphaville
– Une Femme est une Femme
– Pierrot le Fou
– Baisers volés
– Domicile conjugal
– Vivre sa Vie
– Le Mépris
– Jules et Jim
– Cléo de 5 a 7
Directores de la Nouvelle Vague para conocer mejor:
– François Truffaut
– Jean-Luc Godard
– Agnès Varda
– Claude Chabrol
– Éric Rohmer
– Jacques Rivette
Gracias por tu lectura ♥
Con cariño,
Gianina


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