Sobre los desafíos de una obra que se resiste a ser adaptada, la infantilización de las mujeres en la cultura y 3 novelas y 3 películas que podrían ser amigas.
Hay una frase del poeta español Félix Grande que dice: «Donde fuiste feliz alguna vez, no debieras volver jamás», y quizás tenga algo de razón, pero él nunca fue una chica de diecisiete años obsesionada con las hermanas Brontë.
Hace poco me reencontré con Cumbres Borrascosas (Wuthering Heights, Emily Brontë, 1847) una de mis novelas preferidas que me había fascinado en la adolescencia. La recordaba como una historia salvaje y trágica, guiada por la pasión, sí, pero no por el amor. Y eso es exactamente lo que me devolvió esta relectura, aunque con una pequeña diferencia: la certeza de que no existe nada como Cumbres Borrascosas.

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Cumbres Borrascosas está ambientada entre finales del siglo XVIII y comienzos del XIX, y narra la historia de la familia Earnshaw en los páramos de Yorkshire, al norte de Inglaterra. Un día, el padre de la familia vuelve a casa con un niño huérfano que encuentra en la calle durante un viaje a Liverpool, decide adoptarlo y llamarlo Heathcliff. No se sabe nada del pasado de Heathcliff, pero pronto se convierte en el cómplice inseparable de Catherine, la hija menor del señor Earnshaw, y en el blanco de los maltratos del hijo mayor, Hindley.
La novela tiene múltiples narradores poco confiables, y la mayor parte de la historia la conocemos a través del punto de vista de Nelly, la criada de los Earnshaw y testigo de la relación ambigua y obsesiva entre Cathy y Heathcliff, en la que la toxicidad adulta se confunde con la codependencia de la infancia, arrastrándolos a una espiral de miseria y soledad.

Crear sin pedir permiso
Cuando Emily Brontë escribió «Cumbres Borrascosas», en el contexto de la Inglaterra victoriana, no estaba bien visto que una mujer se dedicara a la escritura o que tuviera intereses fuera de la esfera familiar y doméstica.
Emily y sus hermanas, Anne y Charlotte, eran unas apasionadas de la lectura y la escritura, que eligieron desafiar lo que se esperaba de ellas como mujeres, y tomaron una decisión: habitarían en sus palabras y vivirían del fruto de su imaginación. A pesar del miedo al rechazo y a ser juzgadas, lograron publicar sus primeras novelas bajo un seudónimo masculino. El mundo recibía el regalo de los hermanos Bell: Acton, Currer y Ellis. Emily se calzó el sombrero de Ellis Bell y así logró publicar «Cumbres Borrascosas», su primera y única novela.

La historia salió a la luz el 24 de noviembre de 1847 y fue recibida con indignación y calificada como inmoral, vulgar y oscura. En mis libros, un éxito asegurado.
Una historia que venía a desnudar las pasiones más bajas de los humanos, un estudio de la naturaleza salvaje del espíritu, llena de crueldad y violencia combinada con una feroz crítica a la sociedad, al sistema de clases y al racismo.
Los críticos aseguraron que la historia tenía una «masculinidad salvaje» y estaban convencidos de que era la obra de «un hombre profundamente perturbado».
En la novela de Emily Brontë el amor no es redentor ni transformador, es una fuerza arrolladora y destructiva que frustra y consume a los personajes. No hay clímax, no hay satisfacción ni puños que golpean el aire triunfales.
Hay, en su lugar, una empatía por los diferentes matices de la naturaleza humana con todas sus contradicciones, un entendimiento de los ciclos que perpetúan el maltrato y una luz al final del túnel para quienes logran romperlos.
La obra no toma partido por ninguno de los protagonistas, sino que los deja en soledad con sus miserias, su dolor, y sus sentimientos encontrados. Porque así son las grandes obras: son complicadas, ambiguas y los personajes no encajan en un molde de héroe o villano.

«Hay amor, pero no es amor entre hombres y mujeres. Emily se inspiraba en una concepción mucho más amplia. El impulso que la urgía a crear no nacía de sus propios sufrimientos ni de sus propias heridas. Ella contemplaba y se enfrentó a un mundo sumido en un desorden gigantesco y se sintió con poderes para crearle unidad en un libro».
Virginia Woolf
Los límites de la libertad creativa
¿Qué hace que en 2026 sigamos hablando de «Cumbres Borrascosas»? ¿Qué cosas tan importantes podía contar una mujer de 27 años en el 1800?
En febrero de este año se estrenó una nueva adaptación de este clásico, que ya cuenta con más de 15 versiones para el cine y la tv, y, como la Historia de la humanidad es cíclica, la polémica fue instantánea. 179 años después, Emily sigue dando qué hablar.
La nueva adaptación, escrita y dirigida por Emerald Fennell, es una triste muestra de cómo hoy en día quien tiene el poder puede reescribir la Historia. El libro tiene todos los ingredientes de un plato fuerte y memorable, pero eso no le pareció importante a Emerald, ella solo quería mostrar a Jacob Elordi sacando la lengua.

«Cumbres Borrascosas» es una historia que se resiste a las adaptaciones. Todos los directores quieren hacer su propia versión, y todos fallan de alguna manera porque pierden de vista tres componentes: el tema central, la naturaleza y la atmósfera.
Otros hacen de cuenta que la segunda parte del libro nunca existió, cuando las cosas empiezan a ponerse realmente feas. Pocos se animan a mostrar el lado abusivo y vengativo de Heathcliff, y prefieren conformar al público con una «historia de amor», elevando a Heathcliff a la categoría de héroe romántico por el que las mujeres deberían suspirar.
Forma sobre Sustancia
Emerald Fennell aclaró que su intención era reflejar cómo se sintió al leer el libro a los catorce años, y por esa razón el título está entre comillas. Si esa fuera una declaración sincera, ¿por qué no eligió otro título? así como hizo Amy Heckerling con Clueless, que es un homenaje a Emma de Jane Austen, o como hizo Gil Junger con 10 things I hate about You que hace lo propio con La Fierecilla Domada de William Shakespeare.
No creo que una adaptación tenga que ser 100% fiel al material original, pero sí tiene que ser respetuosa, debe tener buen gusto, enriquecer la historia y conservar el espíritu de la obra base.

A diferencia del libro, en la versión de Fennell nadie es producto de su ambiente. Al eliminar personajes clave como Hindley, el hermano de Catherine, y negar el abuso que sufre Isabella, la esposa de Heathcliff, no sólo descontextualiza a los personajes, sino que altera el ethos de Heathcliff y, en consecuencia, el tema principal de la obra.

«Wuthering Heights» es el reflejo de una época en la que la forma está por encima de la sustancia.
La búsqueda visual es vacía y plástica, y toda la película se siente como un rejunte superficial de referencias a obras como Barry Lyndon, Bram Stoker’s Dracula y Gone With the Wind, con la sutileza y la elegancia de un golpe en la nariz.
Por otra parte, la elección del reparto es errada y caprichosa y la dirección de arte incluye algunos anacronismos en un intento de jugar a ser la Marie Antoinette de Sofia Coppola, pero sin comprometerse con una visión y un tono propios. La directora no se anima a tomar una dirección concreta y la historia se queda a medio camino entre una comedia, un melodrama de adultos con problemas de adolescentes, una parodia y una película softcore.
Sobre esto último, Fennell se enorgullece de decir que es una freak que disfruta de empujar los límites de lo que es aceptable mostrar en pantalla, sin embargo, en «Wuthering Heights» no hay nada que no se haya visto antes en cualquier película de bajo presupuesto. El componente sexual de la película no sólo no cumple con las expectativas que ella misma y el reparto se encargaron de anticipar en todas las entrevistas y talk shows, sino que anula uno de los leitmotivs de la historia: la intensidad destructiva del deseo truncado.
No me preguntes, sólo soy una chica
Emily Brontë escribió una novela llena de capas y matices, para que una directora que tiene todos los recursos a su alcance elija reducirla a la perspectiva ingenua e idealizada de una adolescente. La película subestima e insulta al público femenino al que apunta y al que espera contentar sólo con mostrar a Jacob Elordi con una camisa de volados bajo la lluvia.
¿Por qué no podemos dejar que las mujeres adultas sean adultas? ¿Por qué las mujeres no podemos tener historias maduras? ¿Por qué una historia de terror tiene que pasar por un filtro de cuento de hadas, estetizarse y volverse un fanfiction?
La infantilización de las mujeres en la cultura empieza con un meme de «girl diner», «girl math» o «I’m just a girl» y termina en una novela gótica del 1800 transformada en un reel de TikTok.

La película de Fennell está más cerca de una novela rosa de Barbara Cartland que del terror gótico de Brontë, y como público tenemos el deber de demandar más del arte, y no conformarnos con palabras vacías y belleza plana y superflua. Acostumbrémonos a exigirle profundidad a una obra.
3 Películas y 3 Libros Espiritualmente Afines a Cumbres Borrascosas
En un mundo en el que la literatura universal estuvo siempre dominada por los hombres, Emily Brontë fue una de las pocas mujeres que se destacaron y fueron reconocidas por la grandeza de su obra y de su espíritu. Emily es hoy una leyenda porque imaginó otras posibilidades, observó y no tuvo miedo de compartir sus ideas.

Sería una pena que el público creyera que Cumbres Borrascosas empieza y termina en la película de Emerald Fennell. Reducir el legado de Emily Brontë a una historia «para las chicas», dejando de lado su esencia y todo lo que representa, sólo demuestra una falta total de entendimiento, de amor y de cuidado por la obra de alguien a quien supuestamente se admira.
3 Películas que honran el legado de Emily Brontë
Después de ver siete adaptaciones de «Cumbres Borrascosas» llegué a la conclusión de que algunas cosas existen para ser exactamente lo que son, y nada más. Si un libro se resiste a ser adaptado, entonces hay que dejarlo ser lo que siempre debió ser, y no forzarlo a que tome otra forma. Espero que disfrutes de estas recomendaciones y recordá que la mejor forma de honrar la memoria de un escritor es leyendo sus libros.
1. Si querés ver una biopic semi ficticia de Emily brontë, con buenas actuaciones y una atmósfera bien lograda, entonces Emily (Frances O’Connor, 2022) te va a gustar.

2. Si querés ver una adaptación de Cumbres Borrascosas que captura la atmósfera gótica, que es más cercana al espíritu del material original, y además podés ignorar el autobronceante de Ralph Fiennes, entonces esta es tu mejor opción: Emily Brontë’s Wuthering Heights (Peter Kosminski, 1992).

3. Si en cambio preferís ver una biopic poco conocida e infravalorada de las tres hermanas Brontë, entonces preparate para disfrutar: To Walk Invisible (Sally Wainwright, 2016).

Y si todo lo demás falla, siempre tendremos a Kate Bush:
3 novelas que podrían ser amigas de Cumbres Borrascosas
1. Si querés seguir adentrándote en el mundo gótico de las hermanas Brontë y sus heroínas, entonces es buena idea seguir con: Jane Eyre (Charlotte Brontë, 1847), específicamente con la traducción de Carmen Martín Gaite.
Bonus Track: también te recomiendo la adaptación de Jane Eyre al cine por Cary Fukunaga (2011).


2. Si te gustó la línea gótica de Jane Eyre, y la premisa de la joven que busca abrirse paso en un mundo hostil, entonces dale una oportunidad a Rebeca (Daphne du Maurier, 1938).
Bonus track: Alfred Hitchcock logró una excelente adaptación de Rebeca en 1940, aunque hay un pequeño detalle que la diferencia de la novela. Es algo que Hitchcock obvió, quizás por cuestiones de tiempo o porque no quiso ir más a fondo en la historia, pero que es central para el desarrollo de los personajes. En resumen: es una gran adaptación para tomarla con pinzas.


3. Si por el contrario preferís volver a la Inglaterra rural de fines del siglo XIX, con una lectura que te haga pasar por todas las emociones posibles, y que no vas a poder abandonar, entonces Tess de los d’Urberville (Thomas Hardy, 1891) te está esperando.
Bonus Track: nunca una película se vio tan bien como «Tess», la adaptación de 1979 por Roman Polanski.


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Con cariño,
Gianina


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