Cuando el vestuario se convierte en un personaje más
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Tengo un tapado marrón que me encanta. El tipo de prenda que te hace desear ser un dibujo animado para usarlo todo el tiempo. Cada vez que me pongo el tapado marrón me siento como Catherine O’Hara en Home Alone (1990), y me gusta decir que estoy vestida de Kevin’s Mom.
Es curioso cómo creamos asociaciones entre un personaje, la ropa que usa y lo que representa. Las madres usan tapados marrones, pañoletas en el cuello y aros dorados, los chicos malos usan camperas de cuero negro, mientras que las poleras de cuello alto son para los intelectuales o para los que te quieren convencer de comprar criptomonedas.
Por suerte vivimos en un mundo lleno de matices, después de todo, ¿Qué sería de la vida sin sus pequeñas contradicciones?
Los Búhos no son lo que parecen
Cuando David Lynch imaginó el mundo de Twin Peaks, la icónica serie de los 90, marcó un antes y un después en la forma de hacer TV. No sólo creó un universo estético propio, sino que tomó las asociaciones más comunes a ciertos colores, formas y texturas, y las dio vuelta para recordarnos que «The owls are not what they seem».
La diferencia entre el pueblo de Twin Peaks y otros lugares ficticios es que se siente tan vivo como un personaje más. En cierto punto me recuerda al pueblo de Stars Hollow en Gilmore Girls, lleno de pequeñas historias y personajes con sus propios dramas y excentricidades. Y café. Montones y montones de café.

Para darle vida a este mundo lleno de misterios y dualidades, David sumó a Patricia Norris como directora de vestuario, con quien había trabajado anteriormente en Blue Velvet (1986) y The Elephant Man (1980). Patricia tenía una habilidad especial para traducir el guión en un vestuario que hablara por sí mismo, sabía que el mensaje tenía que estar en la ropa, y sobre todo a qué se refería David cuando le pidió que creara un vestuario para personajes reales.
Donna Hayward
Preppy; colores otoñales; casual; dualidad; a medida que avanza la serie su estilo muta hacia tonos más oscuros.

Norris tenía que trabajar con estas pautas en mente:
* Los personajes debían verse como personas reales
* Había que evitar el disfraz
* Las prendas, al igual que la serie, tenían que ser atemporales
* Reutilizables en varias ocasiones
* Tenían que poder conseguirse en tiendas y ser accesibles para el público general
Así como Akira Kurosawa quería que los actores de sus películas ensuciaran la ropa para lograr un efecto más realista, en Twin Peaks la ropa casi no se planchaba, y si alguna prenda tenía hilos fuera de lugar o pelusas, se la dejaba tal cual estaba.

Lucy Moran
Cuellos altos; playful; quirky; tejidos amplios con estampas; accesorios; inocencia; femenino; capas para crear un resultado cozy pero estilizado.
Algunos actores como Sherylinn Fenn (Audrey Horne) colaboraron con prendas de su propio armario, otras fueron compradas en tiendas de segunda mano o en el Ejército de Salvación, mientras que otras, como el traje de Kyle MacLachlan (Dale Cooper) fueron hechas a medida para el personaje.
Dale Cooper
Agente del FBI pulcro y prolijo en contraste con su personalidad quirky, con sus matices y excentricidades. Sus gustos se convierten en íconos de la serie (café; pastel de cereza; grabadora).

Patricia Norris tomó el amor de Lynch por los años 50 y lo combinó con la estética grunge de fines de los años 80 y principios de los 90, sumando elementos realistas de cada época para que el vestuario contara una historia. La paleta de colores de la serie incluye tonos sólidos, otoñales y, sobre todo, intencionales.

Audrey Horne
Joven femme fatale;
Flirty; sweaters; faldas escocesas; peinado años 50; labios rojos; tacos vs zapatos acordonados.
Café y Pastel de Cerezas
Entre David y Patricia, eligieron los colores y las texturas que debía respirar la serie a partir de palabras y conceptos como: otoñal y atemporal, cálido pero sombrío, quirky y dreamy. El tartán, las camisas leñadoras, los tejidos amplios y holgados con patrones de los 80, y la yuxtaposición de los looks oversized de los 90, con siluetas más ajustadas y estructuradas propias de los 50 terminaron de definir la estética de Twin Peaks, que a su vez serviría como inspiración para otras series como: The X Files, Pretty Little Liars, Riverdale y The Chilling Adventures of Sabrina.
Shelly Johnson
Uniforme de trabajo; suavidad; casual; femenino; tranquilidad.

De esta forma la ropa pasó de ser sólo una prenda para cubrir y proteger el cuerpo y se convirtió en un lenguaje para cada personaje, definido por una manera de habitar y moverse en el mundo.

Laura Palmer
Reina del Baile; town’s sweetheart; cardigans; inocencia con un lado oscuro; prendas sueltas otoñales vs ropa madura de los 80, y siluetas más estructuradas.
Luego de que el piloto saliera al aire, Patricia Norris dejó Twin Peaks para trabajar con Lynch como diseñadora de vestuario y de producción en Wild at Heart (1990) y volver luego como Diseñadora de Producción para Fire Walk With Me (1992), por lo que el styling de la serie quedó a cargo de Sara Markowitz durante el resto de la temporada uno y dos.
David estaba convencido de que los colores y las texturas de la ropa tenían que armonizar con el entorno, y de acuerdo con Sara Markowitz: «el desafío estaba en no vestir a todos los personajes con camisas a cuadros y pantalones de corderoy».

El Vestuario como Máscara
Algunas veces el vestuario funciona como una forma de traicionar la verdadera naturaleza del personaje, y otras se convierte en parte de su máscara.
Josie Packard
Lujo; femme fatale; chic; sencillez; 80s; pulcro; peinado años 20/cine noir; telas lujosas.

En el mundo de Twin Peaks no hay maldad o bondad pura en los personajes, siempre están lidiando con sus propios demonios y contradicciones internas, y muchas veces el color funciona como una forma de subvertir las expectativas del público, empezando por lo más básico: los colores primarios.

Mientras que normalmente el rojo evoca el peligro, la pasión, la aventura y funciona como una advertencia, en Twin Peaks es usado con tanta frecuencia que finalmente nos desensibiliza y se convierte en un color neutral, en un sinónimo de confort y familiaridad.
A Lynch le encanta el azul, por lo que no dejó pasar la oportunidad de darle su propio significado. En lugar de asociarlo con la tranquilidad, en Twin Peaks funciona como un color de transición, asociado a lo extraño, lo incómodo, lo que no pertenece a esta realidad, el paso entre un mundo y otro.
El amarillo, por su parte, en lugar de simbolizar alegría o calidez, en el mundo de Twin Peaks pero sobre todo en la precuela Fire Walk With Me (1992) tiene una carga más inquietante asociada con el peligro, y se lo usa sobre todo en interiores para generar una sensación de opresión y una visión distorsionada de la realidad.
Lo que hace tan única a la estética de Twin Peaks, además de pedirte que te pongas un sweater cozy y te sirvas una taza de café, es la gracia de tomar piezas de un tiempo y lugar para reubicarlas juntas de una manera única y dándoles un nuevo significado. Es como si Lynch y Norris se hubieran puesto de acuerdo para crear una pequeña y perfecta cápsula del tiempo. Y quizás así fue.
Gracias por tu lectura ♥
Con cariño,
Gianina


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